Rock in Rio calienta motores para debutar y desbordar de música Madrid

domingo, 22 de junio de 2008 |

Ya en su primera edición, hace veintitrés años, el Rock in Rio se convirtió en un peso pesado entre los festivales internacionales, al conseguir hacerse con los servicios de figuras poderosísimas tanto en lo artístico como en lo mediático (Rod Stewart , Queen y Ozzy Osbourne son buenos ejemplos).

Semejante nacimiento sólo podía augurar una larga y saludable vida y, en efecto, este macroconcierto ideado por el empresario brasileño Roberto Medina es hoy una colosal maquinaria logística, promocional, y sí, también creativa, que maneja tantas toneladas de dinero como de carne de buen artista.

El lugar de celebración de un evento de estas características no podía ser otro que la Ciudad del Rock, una pequeña metrópoli musical edificada para la ocasión que magnifica aún más el gigantismo conceptual del festival, y que ha sido levantada en la localidad madrileña de Arganda para la primera edición española del mismo.

La Ciudad del Rock -por la que pasarán 100.000 personas diarias- es uno de esos lugares que altera el estado de ánimo nada más cruzar sus puertas, porque uno hasta se olvida de lo que estaba pensando al penetrar en esta miniurbe plagada de estímulos visuales.

Hay entretenimiento por todas partes, con diferentes tipos de actividades que hacen de Rock in Rio un peculiar matrimonio entre festival y parque temático poco recomendable para puristas, y en el que todo está planteado para pasar un día en familia. Por ejemplo, existe una Zona Radical, en la que los chavales tendrán a mano una tirolina de veinte metros de longitud -que el pasado jueves probaron Bimba Bosé y sus Cabriolets- y una pista de nieve con hinchables para deslizarse.

Adiós a las penurias

Muchos festivales se convierten en una verdadera odisea cuando toca beber agua, comer, ir al servicio o descansar, pero en Rock in Rio el confort del público parece ser la prioridad, pues a los lados de la explanada principal del recinto se han construido varios edificios que albergarán todo tipo de restaurantes, tiendas e incluso un Espacio Niños que hace las veces de guardería.

En todo lo demás -es decir, en lo musical-, Rock in Rio ya se va pareciendo más a cualquier festival, con la diferencia de que se cuidan con mayor esmero los aspectos que hacen ganar en espectacularidad.

Los protagonistas estrella del macroconcierto, como Bob Dylan, Neil Young, Estopa, Alejandro Sanz o Tokio Hotel tocarán en el descomunal Escenario Mundo, un alarde de escenografía de 2.100 metros cuadrados (70 de largo por 25 de alto) y 300 toneladas, con un impresionante equipo de efectos especiales y revestido con tela perforada de aluminio, dispuesta en formas sinuosas que cobijarán proyecciones en multicolor.

El escenario Hot Stage, algo más modesto, está planteado para ir abriendo boca a primeras horas de la tarde con bandas emergentes y locales -aunque por allí también pasará gente consagrada como Loquillo o Zucchero- y, en principio, la idea es que en sus tablas se mezclen todo tipo de estilos.

Stonehenge electrónico

Un festival, a no ser que sea muy rockero, siempre tiene su carpa de electrónica. En Rock in Rio no habrá carpa, pero se ha proyectado un espacio abierto inspirado en el monumento de Stonehenge que hará las delicias de los amantes del trance.

Aquí también se ha tirado la casa por la ventana, proyectándose una extensa parcela de forma oval rodeada por seis torres «inteligentes» que proyectarán imágenes en todas direcciones, sincopadas con los scratches de los mejores dj´s del mundo, como Carl Cox o Cristian Varela.

Via abc.es

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